Desde sus orígenes mismos, ha sido un semillero de conflictos urbanos, ya que fue ahí donde los conquistadores establecieron las trazas de lo que sería la primera ciudad europea de la Nueva España

En La Merced confluyen todos los problemas urbanos y sociales del país, como el clientelismo político, el ambulantaje, la falta de espacios, pobreza, prostitución o indigencia, por mencionar algunos; de ahí que las estrategias para solucionar las problemáticas de este microcosmos bien pueden aplicarse a nivel macro y en todo el territorio nacional, expuso el profesor Héctor Francisco Castillo Berthier, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

Y es que a decir del doctor en Sociología este barrio, desde sus orígenes mismos, ha sido un semillero de conflictos urbanos, ya que fue ahí donde los conquistadores establecieron las trazas de lo que sería la primera ciudad europea de la Nueva España y, a fin de construir sus hogares y no mezclarse con los nativos, expulsaron a los indígenas y los mandaron al otro lado del canal, a un sitio conocido como la Candelaria de los Patos.

De esta historia ya de cinco siglos hay un testigo: una vieja vecindad ubicada en la calle de Manzanares número 25, en cuya fachada se lee: “Ésta es la única casa del siglo XVI que se mantiene en pie en el Centro Histórico de la Ciudad de México”. De alguna manera este edificio se ha vuelto reflejo de lo que es hoy La Merced, pues tiene sus puertas tapiadas, exhibe varias pintas y, pese a la promesa de restauración por parte de las autoridades, luce en muy mal estado.

En sus ya 40 años de observar la vida en este sitio desde una óptica académica, Castillo señala que “los problemas son los mismos, sólo que con perspectivas diferentes”. Por ello, pese a los múltiples proyectos de rescate, la zona se mantiene más o menos igual debido a que el gobierno no ha sabido ir de la mano con los vecinos ni considerar a las comunidades a la hora de plantear soluciones.

“Nosotros, como urbanistas, hemos investigado y diagnosticado asuntos como transporte, vivienda, comercio o inseguridad y tenemos un cuerpo importante de datos que ponemos a disposición de las autoridades; sin embargo, éstas no los han aprovechado para cambiar escenarios, pese a que hacerlo les atraería capital político”.

Quizá por ello el universitario advierte cierta inamovilidad y poca efectividad en las estrategias de mejora debido a que dichos planes no han sabido blindarse contra malos manejos, intereses partidistas y el cambio de administraciones, y uno de los ejemplos que cita es el del incendio registrado en la madrugada del 23 de febrero de 2013, el cual destruyó el 70 por ciento del mercado de la Merced.

En un inicio, el jefe delegacional de Venustiano Carranza anunció una inversión millonaria para la restauración de la nave mayor y adelantó que los dos mil 800 locatarios afectados estarían de regreso, a más tardar, durante el segundo trimestre de 2014, pero la realidad fue otra. “Cinco años después los comerciantes siguen en la calle, el mercado aún no se restaura y los problemas continúan”.

Vocación sin orden

Héctor Castillo Berthier nació en La Merced, a espaldas de lo que era el convento de las madres mercedarias. Aunque el parque que estaba justo frente a su casa lleva por nombre de Alonso García Bravo, él y su abuelo lo bautizaron como “la plaza de los caídos”, por la cantidad de cargadores y borrachos que dormían ahí.

“En ese lugar erigieron una escultura de bronce que representa a dos indígenas en una canoa, los cuales reman mientras un español va al frente, haciendo trazas urbanas. En un inicio la plaza estaba vacía, luego fue habitada por teporochos y hoy está llena de ambulantes. Desde siempre el barrio ha concentrado comercio y fuerza de trabajo. La Merced puede cambiar, pero siempre regresa a su punto original”.

Al también músico no le sorprende que los espacios públicos de improviso se vuelvan un tianguis, pues ésta es la esencia del barrio; el problema es que esta vocación mercante se da de forma desordenada por lo que, pese a que se han impulsado proyectos para reorganizar a los comerciantes informales y acotarlos en lugares fijos, la pobreza y falta de apoyo al final los orilla a vender en las calles.

“Caminamos en círculos, pero sí hay una salida y ésta pasa por reordenar, reorganizar y generar fuentes de empleo. La Merced, desde que la conozco, ha sido y es un nido de conflictos y siempre se ha visto agobiada por el espacio, el tránsito y una serie de problemáticas que el gobierno no ha sabido o querido solucionar”.

Sobre este perpetuamiento del conflicto, Castillo Berthier sospecha que es casi deliberado debido a que el caos permite a las autoridades allegarse recursos de forma ilícita y extorsionar al ambulantaje, por lo que propone tomarle la palabra al gobierno entrante, cuyo estandarte de campaña fue el combate a este tipo de conductas.

“De hecho, me gustaría llevar esto un poco más allá y crear ahí, en La Merced, el Museo Nacional de la Corrupción, un recinto abierto que genere dinámicas y una reconstrucción valorativa de lo que ha sido este fenómeno. Algo así nos ayudaría a recuperar la zona”.

El papel de la academia

Castillo Berthier es un convencido de que el urbanismo es crucial para solucionar las problemáticas de las metrópolis, por ello decidió unirse a la red temática Centros Históricos de Ciudades Mexicanas —coordinada por el Conacyt—, donde decenas de expertos se reúnen con regularidad para analizar diversas temáticas.

“Tenemos encuentros y seminarios, pero el trabajo de la academia no debería quedar en iniciativas y borradores, es preciso integrar soluciones a largo plazo e incidir en las políticas públicas utilizando el conocimiento adquirido. La tarea de quienes nos dedicamos a esto no llega a su fin cuando nos publican, nuestro deber es formar a las nuevas generaciones, transmitirles estos saberes y enfatizarles que, más que teóricos, deben aspirar a ser urbanistas prácticos”.

A su parecer, sólo así se pude evitar el divorcio entre lo abstracto y la realidad, el cual se hizo notorio tras el incendio del mercado de La Merced en 2013, ya que poco después del siniestro el gobierno convocó a un grupo de arquitectos y especialistas a fin de reparar los daños y rescatar la zona. El resultado fueron más de 100 proyectos que nunca fraguaron debido a que, aunque lucían muy bien en el papel y en las maquetas, en el fondo mostraban un gran desconocimiento de lo que eran la vida y dinámicas de los vecinos.

“Para no caer en esto la comunicación es clave, entre nosotros y con las autoridades. Algo que he constatado es que lo que funcionaría en La Merced puede aplicarse en cualquier otro sitio y viceversa. Mi propuesta es tomar esta relación micro y llevarla a lo macro, y aprovechar esta red temática de Centros Históricos de Ciudades Mexicanas para entrar en contacto las realidades de distintos barrios, pues eso bien puede darme una idea de qué hacer en el mío”.