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• Al abandonarlo su esposa se dedicó a sus tres hijos, Juan de Dios Peza “El Cantor del Hogar”.

DEDICATORIA: JUAN DE DIOS BENÍTEZ, ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

¡PIDO LA PALABRA! Desde esta tribuna periodística para exclamar ¡la risa es la música del alma! Acordes mágicos, efecto medicinal, que elevan la mente a estadios únicos y maravillosos.
De la risa y en el llanto de un genio nació “Reír Llorando”, poema de Juan de Dios Peza, otro de los habitantes de la Galaxia del Verbo a la que partió hace 106 años, un 16 de marzo de 1910.
(Educadores, cronistas, oradores, declamadores, compositores, trovadores, poetas, sus vidas y sus obras han sido tema central del Programa Radiofónico Voz, Educación y Comunidad del Colegio Superior para la Educación Integral Intercultural de Oaxaca (CSEIIO), que conduzco todos los sábados y domingos, hace casi dos años).
¿Quién no se ha maravillado al escuchar “Reír Llorando”?
Garrik, cómico inglés que inspiró su poema, tuvo risas y también llanto en su vida, al igual que el poeta mexicano. Alegría y sufrimiento, vaivenes de toda existencia. Claroscuros, sol y sombra, de cada habitante del planeta tierra. Cierta es la estrofa:
¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma gime cuando el rostro ríe!
El consagrado poeta, recibió reconocimientos por todos lados, las plumas brillantes de su época lo adularon; sin embargo, una herida no pudo cicatrizar en su alma: el abandono de su esposa, que le dejó a sus tres hijos.
Ella fue la tristeza que no pudo borrar de su rostro nunca. En su poema se lo reprochó:
¡Ay! Yo sé por mis libros de lectura
que estudio en mis mayores regocijos,
que ni los tigres en la selva oscura
dejan abandonados a sus hijos.
Tal suceso le marcó la vida. Le cambió el nombre a la hija mayor, a María la llamó Concepción. María fue el nombre de la mujer que los abandonó, digámosle en buenos términos, la musa que se fue de viaje.
Dejó escrito su desprecio, que tituló: Adúltera.

Tienes como Luzbel, formas tan bellas
que el hombre olvida al verte, enamorado,
que son tus ojos negros dos estrellas
veladas por la sombra del pecado.

Y no turbas, hipócrita el reposo
el Pobre hogar con que tu falta escudas,
porque a besar te atreves al esposo,
como besara a Jesucristo Judas.

¡Aún sus flores te da la primavera
y ya tienes el alma envilecida!…
Ya llegarás a ver, aunque no quieras,
el horizonte oscuro de tu vida.

Desdeñas los sagrados embelesos
del casto hogar de la mujer honrada;
y audaz ostentas el vender tus besos
las llamas del infierno en tu mirada.

Manchas el suelo que tu planta pisa
y manchas lo que tocas con la mano;
te dio Lucrecia Borgia su sonrisa
y Mesalina su perfil romano.

Brota el deleite de tus labios rojos;
se aparta la virtud de tu presencia;
porque más negras, más negra que tus ojos,
tienes, mujer, el alma y la conciencia.

Rosas de abril parecen tus mejillas;
mármol de Paros, tu ondulante seno;
más… ¡ay!, que tan excelsas maravillas
son del barro nomás del cieno.
(Fragmento).

*DIRECTOR DEL PROGRAMA RADIOFÓNICO VOZ, EDUCACIÓN Y COMUNIDAD DEL CSEIIO. maldonado3001@hotmail.com

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