Moisés MOLINA

Votar en México es constitucionalmente un derecho y una obligación a la vez. Es, sin embargo, una de esas normas que en la Teoría del Derecho se denominan imperfectas porque carecen de sanción.

Ha sido motivo de incontables debates, la pertinencia o no, de obligar al ciudadano a votar so pena de algunos medios de apremio como multas o incluso, según pretenden los más radicales, alguna pena corporal, es decir, privativa de la libertad.

Es decir, hay quienes en el extremo de las posturas promueven que el no votar sea considerado un delito en México y tienen sus argumentos; el más poderoso: los monstruosos niveles de abstencionismo en nuestras jornadas electorales que han rebasado hasta un 60 por ciento del electorado. Y esa fue una de las razones de rediseño de nuestro calendario para hacerlas concurrentes.

Reservaré mi opinión sobre el particular. Seguramente usted también tiene la suya.

Las estadísticas nos muestran una realidad que la inmensa mayoría prefiere ignorar y paradójicamente evitar que afecte sus vidas. En México históricamente apenas alcanzamos a votar la mitad de quienes debiéramos hacerlo.

Argumento:

1.- Nuestros parámetros para medir los niveles de ciudadanía a través de su participación en la toma indirecta de decisiones manifestada en el ejercicio del derecho al voto son el Padrón Electoral y la Lista Nominal.

1.1 El Padrón Electoral –según el INE- “está integrado por todos aquellos ciudadanos mexicanos que solicitaron su inscripción al mismo, con la finalidad de obtener su credencial para votar con fotografía y así ejercer su derecho al voto”.

Definición imprecisa porque no todos quienes en él están contenidos tramitan su credencial para ejercer su derecho al voto, sino para tener acceso a un medio universal de identificación para ser usado en este país donde lo que sobran son los trámites. Quieren esa herramienta transformadora de su realidad para seguir viviendo en el México con el que no están contentos.

1.2 La lista nominal “contiene a todos aquellos ciudadanos que solicitaron su inscripción al Padrón y cuentan ya con su credencial para votar con fotografía vigente”.

Quien esté inscrito en el Padrón, pero no cuente con su credencial, no podrá votar en las elecciones y naturalmente el número de empadronados es mayor al número de ciudadanos que aparecen en la lista nominal.

Es decir, hay ciudadanos que realizaron todo el trámite, pero no fueron a recoger su credencial para votar aún a pesar de prórrogas y toda clase de facilidades.

Por alguna razón perdieron interés en el camino o simplemente se les olvidó o les dio lo mismo tenerla que no tenerla, actualizarla o no.

2.- De esta manera y me referiré solo al caso de Oaxaca: de un Padrón de 2 millones 907 mil 225 ciudadanos, solamente fueron a recoger su credencial 2 millones 875 mil 984 oaxaqueños.

Superficialmente, pareciera que esa diferencia de 31 mil 241 votantes es pecata minuta, sin embargo, hoy las elecciones se ganan –como lo hemos visto en el pasado reciente en Oaxaca- por un voto y a ellos habría que agregar lo que las estadísticas no miden, por ejemplo:

a) aquellos que tienen su credencial pero nunca votan;

b) aquellos que la tienen en el bolso o la cartera pero no deciden aún si van a votar o no;

c) aquellos a quienes les da igual votar o no hacerlo y utilizan la credencial para trámites y como identificación personal;

d) y aunque parezca chusco, aquellos jóvenes que tendrían que votar por primera vez, pero que la tramitan movidos por un sinnúmero de emociones que en nada tienen que ver con el civismo: presumir la mayoría de edad, entrar al antro, etc.

Nuestros niveles de abstencionismo no mienten y hoy tenemos subutilizada esta importante herramienta de transformación social desde nuestro entorno inmediato.

Se insistido desde este espacio en que vivimos en medio de un déficit de ciudadanía. Le estamos quedando a deber a nuestra democracia y ello favorece el discurso irresponsable del fraude electoral, del “todos son iguales”.

Probablemente no vamos a votar porque no tenemos parámetro más que la aversión hacia todo lo que huela a política, hacia los partidos o hacia los candidatos, o hacia todo en conjunto.

Quizás la responsable sí sea nuestra clase política, pero hay que reconocer que como ciudadanos no cumplimos con la obligación mínima de informarnos para poder decidir el México que queremos y nos quedamos con la promesa fácil que resalta entre las demás ofertas, por muy responsables que sean.

Así es que si usted o tú –amable lector- quieres agregar un ladrillo más a nuestro edificio democrático infórmate y participa con conocimiento de causa.

México y Oaxaca lo necesitan.

@MoisesMolina