José De Nigris Felán
EN TR3S Y DO2

De acuerdo con datos del Banco Mundial y de la OCDE, en 1980 México tenía un PIB per cápita anual de 8,017 dólares, comparado a 347 y 3,679 de China y Corea del Sur, respectivamente. Estados Unidos, por su parte, rondaba los 28,600 dólares. Para el año 2000, México subió su PIB per cápita a 9,254, contra 1,768 de China, 15,414 de Corea del Sur y 44,727 de Estados Unidos. Veinte años más tarde, en 2020, México veía su PIB per cápita en 9,322 dólares, mientras que China y Corea del Sur andaban en 8,405 y 28,361, respectivamente, con Estados Unidos en los 53,749 dólares anuales. Yo sé que son muchos números, pero si los revisamos con calma nos damos cuenta de que algo no ha salido bien con la economía mexicana en las últimas cuatro décadas. La receta implementada por unos y otros (no nos engañemos, han cambiado colores y slogans, tal vez algunas caras, pero la clase política, más o menos tecnócrata, más o menos llena de ideologías caras o baratas) es prácticamente la misma. Unos señalan a otros por malos resultados o por ser un peligro para México, pero lo que definitivamente sigue siendo un verdadero peligro para México es que no seamos capaces de cambiar de receta, de cambiar de libros o manuales, de entender que lo que hemos venido haciendo no funciona. De 1980 a 2000, el PIB per cápita en dólares de México creció a un ritmo promedio de 0.72 por ciento por año, el de China a 8.48 por ciento, el de Corea a 7.43 por ciento y el de Estados Unidos (una economía 20 veces más grande que la nuestra) en 2.26 por ciento cada año. De 2000 a 2020, el panorama no fue mejor. El PIB per cápita de México creció a una tasa anual promedio de 0.04 por ciento, sí, leyó usted bien, el PIB per cápita de 2020 era prácticamente el mismo que el de 2000. Mientras, China, Corea y Estados Unidos crecieron a tasas del 8.11 por ciento, 3.10 por ciento y 0.92 por ciento promedio cada año; unas 220, 84 y 25 veces más que México, respectivamente. Para cerrar esta sopa de números, que son mucho menos complicados de lo que son trágicos, podemos concluir que de 1980 a 2020, lo que considero las cuatro décadas perdidas de México, el PIB per cápita de nuestro País en dólares se elevó a un ritmo anual promedio de 0.38 por ciento, cuando los otros tres países vieron ese métrico crecer a una tasa de 8.29 por ciento, 5.24 por ciento y 1.59 por ciento cada año para China, Corea y Estados Unidos.

Aquí les pido hacer una breve pausa para que por favor digieran los números de las líneas anteriores y los relean de ser necesario para poder vernos al espejo como País y no mentirnos a nosotros mismos cuando hacemos contorsiones o echamos maromas defendiendo a los de hoy o a los de antes, las recetas de unos y otros son básicamente las mismas, con un enfoque semiortodoxo en lo que les conviene, pero con nula creatividad y capacidad de autocrítica a la hora de ver que el pastel nomás no se les infla. Es esa trágica receta y noción de lo que se debe hacer en materia económica la que hemos vivido quienes nacimos después de los años sesenta. Crisis recurrentes, falta de infraestructura, alta corrupción (el chef y sus ayudantes se robaban los ingredientes), falta de crédito, una apertura comercial casi criminal, falta de condiciones para la sana competencia, un crecimiento económico que no alcanza para absorber a quienes se integran a la edad productiva, pobreza rampante y una necedad incomprensible de verlos tratar una y otra vez de que el pastel se infle o tenga buen sabor cuando la receta es la misma. Se le atribuye a Einstein la frase de “locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”.

Desde 2018, la Asociación Nacional de Empresarios Independientes (ANEI) presentó un diagnóstico y una propuesta seria acerca para cambiar la suerte del País en materia de crecimiento. Dicha propuesta se puso a la orden de candidatos y partidos, de políticos, académicos y cámaras empresariales. La intención básica era y es la de generar un ejercicio de reflexión que nos permita ver que los números que mencionamos antes requieren atención y un plan de choque urgente. Tristemente, dicha propuesta sigue vigente. Una vez más, con el agua al cuello por circunstancias económicas mundiales y por malas decisiones, señales y políticas domésticas, es prudente tratar de llamar la atención de quienes llevan las riendas de la economía nacional y del oficio político del País. No parece existir coordinación entre Banxico y Hacienda y las señales y políticas que salen de ambos lados son preocupantes. Mientras las grandes cámaras empresariales y el club de cuates de siempre procuran que sus concesiones y sectores protegidos se mantengan estables, ellos no tienen incentivos para que se implementen cambios, el statu quo es su amigo. Somos los ciudadanos de a pie y las PYMES quienes debemos presionar. Los invito a que revisen la propuesta referida en esta liga: https: //www. anei.org.mx/wp/wp-content/uploads/2019/02/El-crecimiento-economico-como-motor-del-cambio-social-090219.pdf

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