Francisco Benjamín López Toledo (Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, México 17 de julio de 1940[1]​-5 de septiembre de 2019, Oaxaca de Juarez, Oaxaca) fue un artista plástico mexicano que también tuvo una destacada labor como activista de izquierda, luchador social, ambientalista, promotor cultural y filántropo. Apoyó numerosas causas enfocadas tanto a la promoción y conservación del patrimonio artístico mexicano, como al libre acceso a la formación artística y el cuidado del medio ambiente. Falleció en la ciudad de Oaxaca de Juarez el 5 de septiembre de 2019.

Francisco Toledo fue uno de los mayores artistas de México, con amplio reconocimiento internacional. Fue impresor, dibujante, pintor, escultor y ceramista. Su arte reflejó un gran aprecio por la estética de la naturaleza, particularmente la de animales que no son convencionalmente asociados con la belleza como monos, murciélagos, iguanas, sapos e insectos. En su escultura tuvo dos formas de expresión, una donde representó cosas del mundo natural, específicamente bestiarios de distintos animales y otra donde se despegó totalmente de la realidad. “Fragua, de ese modo, un universo que ata cabos con lo real y, simultáneamente, despliega la metáfora.”[2]​ Esta última se deja ver en su obra gracias a que representa figuras humanas y de otros animales en una forma de apareamiento ya sea explícito o simbólico.[2]​ La visión moral de Toledo afirma que el mundo de los humanos y el de los animales son uno con la naturaleza. En sus cuadros se representa mucho la androginia[2]​ Toledo usó la modernidad y la vanguardia de otras civilizaciones, especialmente la europea, para sus obras [2]​y mostró un sentido de lo fantástico muy desarrollado al crear criaturas antropomórficas que son a la vez monstruosas y juguetonas, personajes que incluye en sus papalotes, libros de artista, máscaras, piezas de joyería y complejos grabados.[3]​ Debido a sus obras, se dice que Toledo perteneció a la Generación de la Ruptura aunque no haya pertenecido históricamente a la misma.

Fue el cuarto de los siete hijos de Francisco López Orozco y Florencia Toledo Nolasco. A los 14 años inició sus estudios artísticos en el taller de grabado de Arturo García Bustos. Posteriormente ingresó al Taller Libre de Grabado de la Escuela de Diseño y Artesanías, del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) en Ciudad de México. En 1959 exhibió sus obras en la Galería Antonio Souza y en el Fort Worth Center, en Texas. En 1960 viajó a París, donde profundizó en técnicas de grabado, conoció museos, galerías, artistas y escritores que cambiaron su visión del arte, regresó a México en 1965 con una nueva perspectiva ideológica y estética que incorporará en sus obras.

Su obra se caracteriza por el toque irreverente, provocativo y transgresor que le imprime. Desarrolló su carrera como artista independiente, no se involucró con las temáticas nacionalistas que representaban la Escuela Mexicana. Aunque se le ha asociado a la Generación de la Ruptura surgida en los años 50, él sostuvo su carácter de artista autónomo.[5]

El artista zapoteco promovió y difundió la cultura y las artes de su estado originario, Oaxaca, donde residió los últimos años de su vida. Con apoyo de otras instituciones fundó en octubre de 1997 el Taller Arte Papel Oaxaca, instalado en la antigua planta hidroeléctrica “La Soledad”, en San Agustín Etla. Dentro de este contexto, fundó Ediciones Toledo, que en 1983 publicó su primer libro, y en 1988 fundó el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO).[6]

A iniciativa suya se creó en 2006 el Centro de las Artes San Agustín (CaSa) en San Agustín Etla, 17 km al norte de Oaxaca de Juárez, el primer centro de arte ecológico de Latinoamérica, en donde se produce y estudia fotografía, gráfica digital, diseño textil, así como preservación del patrimonio y arte enfocados al medio ambiente y a la cultura local. Otros proyectos que ha apoyado son: la Biblioteca para Invidentes Jorge Luis Borges, el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO), el Cine Club El Pochote, el Jardín Etnobotánico, la Fonoteca Eduardo Mata, la Biblioteca Francisco de Burgoa, las revistas Guchachi Reza (Iguana Rajada) y Alcaraván, la Casa de Matemáticas de Oaxaca y muchos otros.[7][8][9]

A pesar de oponerse a los reconocimientos públicos, le fueron otorgados numerosos premios, entre ellos el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes en 1998[10]​ y el Premio Príncipe Claus en 2000.[11]​ En 2005 recibió el Premio Right Livelihoodpor su dedicación a la protección y mejora de la herencia, ambiente y vida de la comunidad de Oaxaca. En 2007, el consejo universitario de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) lo distinguió con un Doctorado Honoris Causa por su labor en el mundo de las artes. Diseñó la urna en donde desde junio de 2011 descansan las cenizas del escritor Carlos Monsiváis en la Sala de Lectura del Museo del Estanquillo, la pieza es de barro pintada al óleo, que simboliza a un gato que juega con una pelota. Francisco Toledo, en 2015 entrega el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) a Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), una colección de más de 125 mil objetos, entre los que destacan fotografías del siglo XIX y documentos del siglo XX, siendo de las Donaciones más grandes, culturalmente hablando, incluido en la donación se encuentran dos edificios, donde actualmente se encuentra ubicado el IAGO.[3]

Hay obras suyas en los Museos de Arte Moderno de México, París, Nueva York y Filadelfia, en la New York Public Library, la Tate Gallery de Londres y la Kunstnaneshus de Oslo, entre otros. Ha ilustrado varios libros y ha participado en numerosas exposiciones colectivas e individuales en ciudades como Nueva York, Londres, París, Ginebra, Oslo, entre otras.